martes, 22 de septiembre de 2009

Pasión Gitana

Hay una maldición gitana que reza así: “Ojalá te enamores...”

Hay culturas que ven al enamoramiento como una desgracia.
Cuando quieren insultar a alguien y desearle el peor de los males le gritan: “Ojalá te enamores” y le echan la peor de las maldiciones.
Razones tienen para ver al enamoramiento como tal cosa, porque la mayoría de las veces no es correspondido, haciéndonos sufrir demasiado. Y también porque existe la posibilidad de que uno pueda enamorarse de cualquiera, hasta de una persona psicópata que nos maltrate.
A esas desgracias se refieren los gitanos, cuando le echan una maldición a alguien, deseándole que se enamore.

Y de verdad algo de razón tienen. Es tan grato, como peligroso, enamorarse.

Todos sufrimos alguna vez de esta maldición gitana, pero sin la necesidad de que alguien que nos la haya echado. ¿Quién no se enamoro de un amor no correspondido?
Todos nos hicimos la famosa pregunta “¿Cómo hago para desenamorarme de esa persona que no me corresponde?”, “¿Cómo hago para olvidarme de ella o de él?”

Y creo que lamentablemente la única manera que tenemos para desenamorarnos de una persona, es habiendo salido con ella. Porque solo esa intimidad de a dos, que se logra en la pareja, es la única manera que tenemos de poder conocer a alguien, a tal punto, que exista la posibilidad de enamóranos cada vez más, como de desenamorarnos por completo.



Nos enamoramos de una imagen de una persona, de un deseo, de una hermosa ilusión, de una necesidad personal. Pero solo estando en pareja podremos descubrir, cuanto de verdad, y cuanto de ilusión, tenía nuestro enamoramiento inicial.
Si nunca logramos formar pareja con esa persona, siempre seguimos enamoramos de ella en algún punto. Porque por más que nos engañemos diciendo que en verdad no era para nosotros o que realmente entendamos que simplemente no se dio, igual seguiremos estando enamorados de ella, porque estará sin concretar esa ilusión.
Y además no podemos desenamorarnos por el solo hecho de que no sea correspondido. Eso quisiéramos todos, pero a ese proyecto de ley, cupido ni lo ojeó todavía.

Por eso si realmente queremos desenamorarnos de alguien, tenemos que lograr salir con esa persona. Así conoceremos realmente lo que sería esa relación. Y tendremos la única chance de que la mayoría de las cosas que vayamos conociendo no nos cierren, y solo así poder irnos desencantando, solo así nos irnos desenamorando.

Porque nos podemos enamoramos de la persona que todavía no conocemos, pero solo nos podemos desenamorar de la que ya conocemos.

Y si no logramos salir con nuestra enamorada/o, si no logramos conocerla en intimidad, entonces seguiremos enamorados. Por eso la verdadera solución ante el amor no correspondido, no es la de olvidar a esa persona (cosa imposibles si las hay) sino algo más fácil, convivir con ese enamoramiento. Buscar la manera de ubicar ese enamoramiento en nuestra cabeza, en algún lugar que sirva y que no bloquee a los demás espacios de nuestra vida, incluyendo al del amor.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Una aguja en un pajar


A ver, una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Una cosa es querer, otra amar y otra estar enamorado.

Ninguna depende de ninguna. Todas se pueden dar solas, o de a dos al mismo tiempo. Pero ninguna agrupa a otra. Son sentimientos independientes entre sí.

Ejemplos:

-Podemos querer sin amar y sin estar enamorado:

Es el sentimiento de afecto más recurrente. Porque conocemos a una persona, nos cae bien, es buena persona, y es difícil no quererla en poco tiempo.
Yo quiero muchísimo a mis amigos y amigas. Disfruto compartir el tiempo y charlas con ellos, pero no estoy enamorado de ellos.
Y en el amor no es muy diferente. Podemos querer mucho a una persona, disfrutar de su compañía, charlas y cama. Pero algo nos falta, y sentimos que no estamos enamorados (o que no “logramos” enamorarnos) Y se termina.
Es algo que seguramente todos hemos pasado. De hecho la mayoría de las relaciones mas frecuentes en corto plazo son estas.

-Podemos estar enamorados, pero sin querer o amar:

Yo soy en enamorado de los Beatles. Pero no lo amo a Paul McCartney o a Richard Starkey, porque no soy gay y porque no los conozco. Pero sí me enamora lo que ellos representan como músicos y como iconos.
También estoy enamorado de Buenos Aires, pero no la puedo amar porque es una ciudad. Si yo fuera una ciudad, sin lugar a dudas, le echaría todos los galgos a la Reina del Plata. Pero soy humano y no puedo.
Y en el amor también podemos enamorarnos de una persona y no poder, o no querer, hacer nada al respecto. Quizás algo nos decía que no iba a resultar, o que era mejor así. Y preferimos seguir disfrutando del solo hecho de estar enamorados, sin avanzar para llegar a querer o amar. Porque sentimos que era realmente lo mejor, que no hacia falta avanzar más, que disfrutábamos de eso. Algunos lo llaman amor platónico.

-Podemos amar sin estar enamorados:

Yo amo a mi familia. Amo a mis padres y a mis hermanas. Pero no estoy enamorado de mi Papá. Y lo mismo puede pasar con algunos pocos amigos.
Y en el amor no hay mucha diferencia. Muchas personas terminan amando a su pareja como si fuera un amigo o un integrante más de una familia. Y eso sucede porque dejaron de estar enamorados.
Pero como la siguen amando, creen que por lo tanto siguen enamorados y continúan la relación de pareja. Sin saber que son dos cosas totalmente diferentes.
Luego la tentación de seducir a otras personas les empieza a comer la cabeza. Esto genera una gran confusión ya que no entienden porque son infieles si realmente aman a su pareja. Y es que nadie duda que no la sigan amando, pero ya no como pareja, sino como a una gran amiga o acompañante, porque el enamoramiento se fue.


Por lo tanto el estado ideal, al cual todos apuntamos, sería poder amar estando enamorados para siempre de nuestra pareja, y que a su vez, nuestra pareja nos pueda amar estando enamorada de nosotros para siempre.


Sí, lo sé…una aguja en un pajar.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Busquemos redefinirlo

Es interesante cuando nos escuchamos afirmar que queremos estar de novios, casarnos o tener hijos, estando todavía solteros.
¿Cómo pueden nacer las ganas de querer estar con alguien, o de formar una familia con alguien, si todavía no tenemos a ese alguien?
Como si en nuestra cabeza supiéramos el tipo de relación y de familia que vamos a tener y luego es sólo buscar una persona que se adapte a nuestra ilusión. 
El amor es sorpresa. Y el significado de estar en pareja, de novio, casado o tener hijos, deben nacer de esa persona, no antes.
En general al hombre las ganas de estar de novio, o de formar una familia, no le nacen estando soltero. De ahí el famoso mito que los hombres le escapan al compromiso. Otra gran mentira, porque a ellos si les nacen esas ganas de comprometerse, pero recién cuando están enamorados, no antes. En cambio las mujeres, en general, planean y desean estar de novias, o formar una familia, aún estando solteras.



Tampoco entiendo a las personas, que al contrario, afirman que no quieren estar de novias ni casarse. Exponen argumentos de lo difícil que es la vida en pareja, de la rutina, de que ya no hay más espacios para uno mismo y demás. Y cometen el error de creer que el estar de novio o casarse es lo mismo para todos. Se basan en un concepto que construyeron viendo a las demás parejas, o a sus amigos quejándose de la convivencia, o de sus propias malas experiencias. Argumentan que lo que ellos esperan del amor no descansa en el noviazgo o en el casamiento.
Aquí esta el error que comentemos: Cuando creemos que el concepto de lo que es estar de novio, o casado, es el mismo para todos y que siempre se repite.
Por lo tanto, para los que quieren estar de novios estando solteros, al creer que esto del amor es lo mismo para todos, que todos lo vivimos de la misma manera, solo buscan a alguien que lo quiera vivir con ellos. Como si el amor fuera ir a un recital de una banda que a todos nos gusta, pero solo venden entradas de a dos.
Y para los que descreen del noviazgo, también cometen el mismo error de creer que es lo mismo para todos.
Nos olvidamos que no existe un único concepto universal de lo que es estar de novios o casados. Que hay conceptos del noviazgo, como personas en el mundo.
Que cada persona es única, y por lo tanto cada historia de amor es única. Por eso dejemos de creer que nuestras malas experiencias son la única manera que tenemos de ver al futuro amor.
Todos los días nacen nuevos conceptos de lo que es el amor. Nacen por cada pareja que se enamora. Ambos crean una única e irrepetible manera de ver el amor. Crean el amor según ellos y solo ellos la entienden. Y crean una única e irrepetible manera de lo que para ellos es estar de novios.
Por eso es gracioso que haya gente que anhele estar de novio o evite estarlo, si es algo que se crea en cada relación. No existe antes.
Las verdaderas ganas de querer estar de novio o casado, nacen cuando ambos se ven obligados a redefinir al amor juntos. Porque lo que ahora sienten no corresponde a ningúna definición ya conocida.

martes, 8 de septiembre de 2009

Carta de Buenos Aires a una española


Estoy enojado con usted. En el problema que me ha metido. Y usted, que poca cuenta se da, sólo camina por mi ser sin saber que cada vez me duelen más sus pasos.

Pero no me duelen por su peso en sí, sino porque son el eco de saber que no los tendré más. Porque mientras usted duerme yo me pregunto: ¿Qué será de mí cuando sus pasos no me pesen más? ¿Qué será de mí cuando no la tenga más?

Hasta Don Quijote me convenció de que su belleza era real, admitiendo que las demás, eran solo una ilusión de él.

Toda España anhela su retorno. Y escuché, que si es necesario, rescatándola de mis fríos brazos del sur, la harán retornar de donde Buenos Aires la ha secuestrado.

¡Pero yo no la secuestré, usted me secuestró a mí! Yo estaba tranquilo hasta que su acento me distrajo y me enamoré de su andar.

Pero prometo que ya no estaré más enojado con usted. Entiendo el anhelo y el error de España por haberla dejado salir. Y hasta prometo que no sufriré por el eco de sus pasos, desde ahora, me alegraré de saber que alguna vez sus pasos hicieron eco en mí. 


Luis Médici 
Foto: Luis Médici

viernes, 4 de septiembre de 2009

Nos conformamos con 3 meses

“…El enamoramiento dura los primeros 3 meses, donde los protagonistas mutan, de seres normales, a dos bobos lindos que no se les quita la sonrisa de la cara y que se extrañan a segundos de haberse separado.
Pasados estos meses de enamoramiento, la pareja pasa a una etapa más seria, más real, y donde se empieza realmente a construir una relación. Dejando el enamoramiento solo para el principio…”

Otro espantoso mito del amor.

Es peligrosísimo creer que es normal que el enamoramiento dure solo unos meses en una relación. Es peligrosísimo.
¿Sólo unos meses? ¿Y después? ¿Después viene la parte “seria”? ¿No podemos seguir siendo dos tontos enamorados y construir una relación seria?

Creer que este mito es verdad es lo que lleva a que la mayoría de las parejas no funcionen y terminen cayendo, entre otras cosas, en la infidelidad. Porque creen que es normal, que llegado un punto en la relación, no se sientan tan enamorados como el principio. Y en verdad no es algo normal no sentirse tan enamorado como el principio, sino un síntoma de desamor. Que puede pasar y que es normal que pasé en muchas relaciones. Pero el error está en continuar con la pareja, en preferir una relación en vez de un amor. Por eso pueden caer en la infidelidad. Porque las parejas pueden ser infieles, pero los enamorados nunca.


¿Cómo podemos pensar que en solo 3 meses ya nos quedemos con algo menos y que lo veamos como algo tan normal? Y encima, no es que perdimos una birome, perdimos el sentirnos enamorados por el otro. Y en vez de asumir nuestro desamor, porque el amor dura lo que dura, pensamos que es normal, que así debe ser y continuamos la relación con nuestra pareja, pero solo con nuestra pareja, porque nuestra amada dejó de serlo hace rato.

La mayoría de las personas sufren este mito. Son parejas que quizás sí se sintieron enamoradas en algún momento, pero luego asumieron que no sentirse tan enamorados como al principio era normal y continuaron. Y también hay personas que son concientes de que dejaron de estar enamoradas de su pareja, pero más allá de creer que si es normal o no, muchas prefieren la comodidad de una relación estable a quedarse sola y volver a enamorarse.

Yo creo que uno siempre, siempre, siempre tiene que sentirse enamorado como en el principio. Y la idea es que luego, a medida que la relación avanza, se vayan sumando más cosas a ese enamoramiento inicial. Que se sumen cosas más serias, otras más reales, que se sumen problemas, diferencias, dificultades, que se sumen soluciones para poder resolverlas, que se sume una casa, que se sumen hijos, que se sumen más cosas a ese enamoramiento inicial, pero nunca menos. Nunca menos…

La prioridad queda en cada uno. Algunos preferirán asegurarse una relación estable y duradera y otros preferiremos asegurarnos siempre estar enamorados.

jueves, 27 de agosto de 2009

EL cronograma del amor

Nos cuesta entender que el amor pueda durar menos de lo que habíamos deseado, o más de lo que hubiéramos apostado.

El amor maneja sus propios tiempos de manera segura, concreta y responsable. Él sabe cuando aparecer y cuando desaparecer. El problema lo tenemos nosotros que nos cuesta entender que él haga lo que quiera. Que aparezca cuando menos lo esperamos y que se vaya cuando más lo necesitamos.

Nos encantaría poder leer el cronograma del amor, como los vuelos en un aeropuerto, y así saber cuando arriba, cuando está demorado o cuando ya lo perdimos.


Pero eso no va a pasar. Nunca tendremos acceso a su cronograma. Y eso es lo que nos cuesta aceptar. Nos cuesta aceptar que no lo podemos manejar, y de esa manera, nos hacemos vulnerables a él.

Por eso pretender manejar sus tiempos no es más que sembrar una futura desilusión.
Solo sepamos recibirlo cada vez que llega y despedirlo cada vez que se valla. Y entendamos que la mayoría de las veces es así, y no significa que un amor no haya funcionado.

Lo único que sabemos es que se va de la misma manera que llega: Rápido y sin avisar. Nos enteramos que está por venir cuando ya nos alcanzó y nos enteramos que se está alejando cuando ya se fue.


Si no podemos saber sus tiempos, no podemos saber cuando llega y no podemos saber cuando se va. Entonces no perdamos más tiempo y conformémonos con solo poder saber disfrutarlo, que no es poco.

jueves, 20 de agosto de 2009

Amor vs Halago

Una vez le pregunte a una chica qué le gustaba de mí, por qué me había elegido, y me respondió: “Porque me gusta como me tratas”, y por más que sé que lo dijo con buena intención, para mí fue una de las frases más feas que me dijeron en el amor.

Hubiera preferido un “Porque me gustan tus chistes malos”, “Porque me gusta como pronuncias la S” o “Por tu nariz torcida”. Cualquier otra cosa. Cualquier cosa que hable de mí, algo que sepa que solo yo tengo para ella, un detalle que haya descubierto en mí. Porque tratarla bien lo puede hacer cualquier tipo que se enamore de ella. No me sentí para nada especial.

¿Por qué las mujeres ven el amor en el como las tratan?

Vivo escuchando horribles frases como:
“Quiero un hombre que me haga sentir única, que haga sentir especial, que me haga sentir las más hermosa, que me diga cosas lindas, que me invite a comer, que me llame, que me demuestre que le gusto…que me…que me…que me…”

Yo sé que quieren sentirse elegidas, deseadas y cuidadas. Todos queremos eso. Pero lo importante es que sea de la persona adecuada para que sea amor, sino es solo halago. Y ahí esta el error que comenten muchas veces. Creen sentirse enamoradas, cuando en verdad solo se sienten halagadas. Muchas veces confunden amor con halago.

Empezar la frase con “que me haga sentir….que me diga…que me haga…” es buscar halagos. Es buscar sentirse elegida, deseada. Nada más. No es buscar un amor reciproco.


Es como que los hombres buscamos enamorar y las mujeres buscan que se enamoren de ellas. Ambos comentemos el error de querer manejar al amor, en vez de dejar que se dé solo y de manera reciproca.

Es increíble como se estancan en el “que me trate bien”, “que me haga sentir elegida”, “que me haga sentir bien conmigo misma”. Y se olvidan de enamorarse.
Se olvidan de que en verdad tienen que elegir al hombre que, sin darse cuenta, logró enamorarlas por la simpleza de su forma de ser. Por como es él como ser individual, y no enamorarse de vacías demostraciones de amor.

¿Por qué eligen al hombre que recurre a todo por hacerlas sentir elegidas, en vez de elegir al que sin tener que recurrir a nada logra mucho más?

EL amor no está en el merito de un candidato, que por medio de halagos y demostraciones de amor las hace sentir especiales y así logra ganar el concurso “Quién me trata mejor, quién me merece más”. Sí, es lindo sentirse deseada y halagada. Pero el halago es un regalo que se derrite con el tiempo si no hay un amor reciproco que lo avale.

El amor descansa en el que te quiere y logra que seas una persona feliz sin la necesidad de recurrir a nada, con todos sus defectos y sin darse cuenta. Pero lo más importante, es que a vos también te pase lo mismo. Porque lo más importante en el amor es la reciprocidad.

El amor no descansa en la persona que “te trata bien”, sino en la que te hace bien.


viernes, 14 de agosto de 2009

Merecer el amor

Conversación entre amigas:

-¡No sabes! ¡Romina se puso de novia y está re feliz!
-¡AH! ¡Que buena noticia! Además ella se lo merece…
-Sí, pobre. Se lo re merece después de tanta mala suerte.

¿Se lo merece?

“Se lo merece” me suena a premio. Cuando una persona hizo las cosas bien entonces se merece un premio o reconocimiento. Pero en el amor “merecer” sería un premio a la persona a la cual todo le salió mal. A la que sufrió con su ex, a la que le fueron infiel, a la que nunca le dieron bola o a la que siempre la tomaron como amante. Por lo tanto más que un premio o reconocimiento, “Se lo merece” sería más un premio consuelo. El premio a la que siempre sale última en la suerte de amor.



Además decir que ciertas personas se lo merecen, deja abierta la posibilidad de que haya otras que no se lo merecen. Y todos se merecen que el amor les llegue a sus vidas, todos. Hasta los que nos lastimaron, así se enamoraran de una vez por todas y dejan de lastimar a otros.

El amor no es un premio consuelo para los que sufrieron de amor, o algo que se merece más gente que otra. Todos nos lo merecemos. Y en todo caso, el amor se lo merece todo aquel que quiera enamorarse.

jueves, 13 de agosto de 2009

Soberbia ilusión

En general utilizamos las frases “Me desilusionó” o “Pensé que era otra persona” en el amor, cuando una persona nos hizo daño, ya sea mintiéndonos o engañándonos. Pero lo peor de esas frases no es utilizarlas, sino utilizarlas mal.

Hay veces que conocemos una persona, nos atrae y comenzamos a salir para conocerla. Pero luego nos vamos dando cuenta que algo anda mal, de que en verdad no es para nosotros, de que hay algo que no nos gusta o de que algo le falta para que llegue a ser nuestra pareja. Y entonces reclamamos que nos desilusionó, que nos decepcionó. O mejor aún, decimos: “Pensé que era otra persona.”

¿Otra persona? ¿Cuál? ¿Dónde? ¿Quién?

En todo caso digamos: “Nos conocimos y no funcionó” o “Duró lo que tenía que durar”. Pero decir que se terminó porque “pensé que era otra persona” da para interpretar que depositamos, en una persona que todavía no conocíamos, la expectativa de que sea como alguien que ya conocíamos (aunque sea en nuestra imaginación). Por lo tanto demostramos que no teníamos reales motivos de conocer a alguien, sino que esperábamos que alguien se adapte a nuestro “candidato ideal” para poder así tener nuestra “relación ideal”.



Igual sé que la mayoría de nosotros usamos la frase para decir “no terminó siendo lo que necesitábamos”, pero entonces digamos “no terminó siendo lo que necesitábamos” y así no terminamos haciendo una comparación entre una persona real con una fantasía.

También es feo acusar al otro de que nos decepcionó por el simple hecho de que no pudo ser lo que necesitamos. Es sumamente egoísta, y muy gracioso, echarle la culpa solo porque no logró gustarnos.

Basta con el “Pensé que era otra persona” y con el “Me desilusionó” para relaciones sanas. Utilizando estas horribles frases corremos el riesgo de terminar, sin darnos cuenta, desprestigiando y acusando a un inocente, cuando en verdad, es uno el culpable de depositar al amor en una soberbia ilusión.

jueves, 6 de agosto de 2009

Tabú

Es increíble como muchas veces nos vamos innecesariamente al otro extremo para tener que superar un problema. Creyendo que la solución es llegar a lo opuesto.

Venimos de superar una etapa donde el sexo era tabú y entramos en una donde decir lo que uno siente es tabú.

Somos parte de la generación que demostró que el sexo no tiene que ser algo tabú. Que no se tiene que vivir a escondidas, ni que es necesario estar enamorado para poder disfrutarlo. Que el sexo se vive de varias maneras y que todas están bien.
Obviamente esto no quiere decir que muchos no lo sabían antes, o que no lo vivieron igual que nosotros, pero sí es seguro que para ellos era tabú.

Y ahora estamos nosotros. Nosotros que para arreglar ese problema nos fuimos al otro extremo. Hoy aconsejamos tener sexo sin pensar mucho, pero eso si, que nunca se te ocurra decirle que lo extrañas cuando lo empezás a extrañar. O nunca le digas “te quiero” cuando lo empezás a querer. ¡Eso si que no! ¡Es una locura! Es el motivo por el cual hoy una relación pueda terminar.

Somos la generación que no podemos decir lo que sentimos. Para nosotros es tabú la palabra “amor” y la demostración de afecto. Nuestros padres podían arruinar una cita queriendo llevarla a la cama, hoy la podes arruinar si le decís que pensante en ella todo el día.


Lamentablemente nos acostumbramos a guardarnos lo que sentimos por mucho más tiempo de lo posible. Y me canse de enterarme tarde que me extrañaba o que me quería. O de no poder decirle que me encanta, sin antes pensar, que se va a asustar porque va a creer que me quiero casar con ella o que va a pensar que es una mentira para poder hacerle el verso.

Entiendo que las mentiras en el amor llevaron a estas hermosas palabras a perder credibilidad. También entiendo que la mayoría de las parejas no funcionan y que el amor nos puede dar más sufrimiento que placer. Por esto, y por mucho más, nos asusta escucharlas y decirlas. Pero también, por culpa de este miedo, seguramente son miles las historias de amor que no cobran vida porque ninguno de los dos se anima a decir lo que siente.

¿Cuántas veces te cuidaste de no decir lo que sentías, por miedo a perder a esa persona?

¿Y pensaste a cuántas perdiste porque no te escucharon decirlas a tiempo?

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