Hay dos clases de personas a las cuales queremos acercarnos con intenciones de cortejo: Las que nos gustan (Ya sea por su belleza, encanto. Las que responden a nuestro entupido “target”) y las que simplemente nos atraen, sin saber bien por que.
Estas personas que nos atraen son las que no podemos catalogarlas como feas o lindas, interesantes o no. Tampoco podemos definir bien que le vimos, ni porque nos atrae tanto. Es como un gran misterio. Simplemente nos atraen, simplemente creemos que es para nosotros.
Según los sexólogos nuestra elección se basa en un “mapa de amor” que construimos hasta los 8 años. En esa etapa definimos a nuestro amante idealizado según lo que recolectamos de ver a nuestros padres como pareja, de los roles que cumplía cada uno, de que manera se demostraban afecto entre ellos y hacia nosotros, sus permanencias y sus ausencias. También influyen las amistades, las vivencias y las experiencias que tuvieran relación directa con nuestra sexualidad hasta esa edad.
Todo eso arma un “mapa de amor”.
Y es el “mapa de amor” el que define, no solo a persona “ideal” para nosotros, sino también que roll debe cumplir y que roll debemos cumplir nosotros como pareja (todo de manera inconsciente, obviamente). Define lo que necesitamos del otro. Define nuestro propio concepto de lo que es el amor, la pareja y la seducción. Eso responde a la pregunta “¿Qué le vio a ese?” Quizás simplemente respondió a su “mapa de amor”.
¿Pero hasta que punto esta persona, que la definió nuestra infancia, nuestros padres y nuestras vivencias, es realmente nuestro verdadero amor?
Ese mapa define a la persona que CREEMOS que es para nosotros, pero eso no significa siempre que sea la mejor opción.
¿Nunca sintieron que personas a las que elegimos tienen alguna característica similar, que no se ve simple vista, y que siempre nos damos cuenta tarde?
Cuanta gente sufre por elegir mal a sus parejas o siente que comente siempre los mismos erros de elegir a los que la hacen sufrir. Quizás sus “mapas de amor” se definieron en busca de cumplir ese roll como pareja, de “creer” que esa persona con tales características (que le hacen sufrir) tiene que ser si o si para ella. Casi como una obsesión y no una elección.
Y no siempre tiene que ser así.
No dejemos que el “mapa de amor” elija ciego por nosotros. No digo evitarlo, porque es imposible, solo digo tenerlo en cuenta para saber hasta donde dejarlo influir en nuestra elección, sabiendo diferenciar las aspectos buenos y malos de nuestros “mapa de amor”. Y de esa manera estaremos más cerca en poder elegir lo que es mejor para nosotros.
Este “mapa del amor” como un mapa del tesoro, nos seduce, queremos seguirlo y encontrar el tesoro. Pero casi nunca esta donde dice estar. La mayoría de los mapas del tesoro se hicieron para distraer a los buscadores del verdadero lugar.
Pero el tesoro no se busca, se encuentra…como el amor.
Estas personas que nos atraen son las que no podemos catalogarlas como feas o lindas, interesantes o no. Tampoco podemos definir bien que le vimos, ni porque nos atrae tanto. Es como un gran misterio. Simplemente nos atraen, simplemente creemos que es para nosotros.
Según los sexólogos nuestra elección se basa en un “mapa de amor” que construimos hasta los 8 años. En esa etapa definimos a nuestro amante idealizado según lo que recolectamos de ver a nuestros padres como pareja, de los roles que cumplía cada uno, de que manera se demostraban afecto entre ellos y hacia nosotros, sus permanencias y sus ausencias. También influyen las amistades, las vivencias y las experiencias que tuvieran relación directa con nuestra sexualidad hasta esa edad.
Todo eso arma un “mapa de amor”.
Y es el “mapa de amor” el que define, no solo a persona “ideal” para nosotros, sino también que roll debe cumplir y que roll debemos cumplir nosotros como pareja (todo de manera inconsciente, obviamente). Define lo que necesitamos del otro. Define nuestro propio concepto de lo que es el amor, la pareja y la seducción. Eso responde a la pregunta “¿Qué le vio a ese?” Quizás simplemente respondió a su “mapa de amor”.
¿Pero hasta que punto esta persona, que la definió nuestra infancia, nuestros padres y nuestras vivencias, es realmente nuestro verdadero amor?
Ese mapa define a la persona que CREEMOS que es para nosotros, pero eso no significa siempre que sea la mejor opción.
¿Nunca sintieron que personas a las que elegimos tienen alguna característica similar, que no se ve simple vista, y que siempre nos damos cuenta tarde?
Cuanta gente sufre por elegir mal a sus parejas o siente que comente siempre los mismos erros de elegir a los que la hacen sufrir. Quizás sus “mapas de amor” se definieron en busca de cumplir ese roll como pareja, de “creer” que esa persona con tales características (que le hacen sufrir) tiene que ser si o si para ella. Casi como una obsesión y no una elección.
Y no siempre tiene que ser así.
No dejemos que el “mapa de amor” elija ciego por nosotros. No digo evitarlo, porque es imposible, solo digo tenerlo en cuenta para saber hasta donde dejarlo influir en nuestra elección, sabiendo diferenciar las aspectos buenos y malos de nuestros “mapa de amor”. Y de esa manera estaremos más cerca en poder elegir lo que es mejor para nosotros.
Este “mapa del amor” como un mapa del tesoro, nos seduce, queremos seguirlo y encontrar el tesoro. Pero casi nunca esta donde dice estar. La mayoría de los mapas del tesoro se hicieron para distraer a los buscadores del verdadero lugar.
Pero el tesoro no se busca, se encuentra…como el amor.
