miércoles, 16 de mayo de 2012

Bella la sua fiducia


Me acerco a vos. Te quito los zapatos y me quito los míos. Descalzos nuestros pies besan a Roma. Te tomo de la mano y te llevo a la fuente. Temerosa dudás.
Te miro y te pido una sola cosa: Que confíes en mí...

Luis Médici


Foto: Luis Médici

jueves, 10 de mayo de 2012

Analfabetos...


No intentemos definir lo nuestro, porque cometeremos el error de hacerlo con palabras que usan todos, y en ese momento, lo nuestro dejará de ser sólo nuestro.
 Luis Médici

  
Foto: Luis Médici

lunes, 7 de mayo de 2012

Extrañame


El éxito en el amor radica en nuestra capacidad de que nos extrañen.
 Luis Médici

Foto: Luis Médici

miércoles, 2 de mayo de 2012

Mi confidente

Con usted tengo la confianza suficiente como para confesarle mi amor.
 

lunes, 23 de abril de 2012

:)


Hacerme reír es hacerme el amor.
 Luis Médici

Foto: Luis Médici

jueves, 19 de abril de 2012

Conformar-NO-s

No quiero tener que conformarme con alguna mujer que me recuerde a ti.
 Luis Médici
Foto: Luis Médici

domingo, 15 de abril de 2012

Y un día...hablamos.


Te das cuenta que estás enamorado, cuando descubriste que cualquier excusa es la ideal para poder iniciar una charlar con ella, porque sólo ella logra que todos los temas se transformen, rápidamente,  en conversaciones interesantes y entretenidas.
Luis Médici
Foto: Luis Médici

jueves, 22 de marzo de 2012

"El Amor no puede vivir sin confianza"


Psique (Alma) era la menor de tres hermanas princesas, pero a diferencia del resto de las mujeres, ella poseía una belleza e inteligencia únicas en todo el mundo conocido. Tan grandes eran sus atributos, que hasta la propia Afrodita (Diosa de la belleza) se sintió celosa y amenazada. Tanto así, que para saciar su inseguridad, le ordenó a su hijo, Cupido, que le lanzara una flecha oxidada para que un horrible monstro se transformara en su pareja.
Cupido obedeció a su madre y fue volando hasta Psique. Al llegar, encuentra  a la princesa llorando abandonada en una piedra (El padre la dejó ahí obedeciendo al oráculo que le predijo que el futuro amoroso de su hija no iba a ser un buen hombre, sino una serpiente alada que la iba a poseer ahí mismo. El padre había consultado al oráculo por su preocupación de que ningún hombre se enamoraba de su hija a pesar de su gran belleza).  Finalmente Cupido prepara su flecha oxidada, apunta, pero no logra disparar. Cupido se había enamorado de Psique desde el segundo en que la vio. Psique, encadenada en aquella piedra, llorando de tristeza, se duerme sin más remedio para su vida amorosa. Entrando en un gran dilema, en el cual se encontraba el desobedecer a Afrodita, Cupido decide rescatarla dormida y llevarla a su palacio.
Psique se despierta sola sin saber dónde está ni quién la rescató. De día disfrutaba del hermoso lugar y de noche venía un misterioso hombre, el cual no dejaba que lo reconociera, a hacerle el amor y dormir con ella en la oscuridad de su alcoba. El hombre le decía que la amaba y que confié en él. Psique estaba feliz, sentía que su futuro estaba cambiando gracias a este gran hombre del cual no tardo mucho en enamorarse.
Cupido no quería que lo reconociera porque quería que ella se enamorara de él como hombre y no como Dios. 
Pero Psique empezó a dudar (Con la ayudada de las envidiosas de sus hermanas con matrimonios arreglados) y por momentos no estaba segura si el ser misterioso que la visitaba por las noches era el monstro que le predijo el oráculo o era un buen hombre. Para resolver este dilema (Y motivada por sus hermanas) decidió dejar de confiar en aquel ser y preparó un cuchillo y una lámpara de cera para esa noche.
Psique se aseguró que el misterioso hombre estuviera durmiendo y prendió la lámpara. No pudo creer la belleza de Cupido, con sus alas y su paz. Era nada más y nada menos que el Dios del amor su amante. De repente, una gota de cera caliente se derrama de la lámpara y quema a Cupido despertándolo. La decepción del Dios del amor fue tal, que se marcho en ese momento, pero sin antes decirle:”El Amor no puede vivir sin confianza”.

Psique no podía creer lo que había provocado y pensó: “Era mi esposo, y yo, miserable, no tuve fe en su palabra. ¿Se ha marchado para siempre? De todas maneras puedo pasar el resto de mi vida buscándolo. Si él no quiere ya amarme, yo sabré demostrarle mi amor" y le pidió ayuda a Afrodita. La Diosa de la belleza y el amor le crea una serie de pruebas en el inframundo  para que demostrase su amor por su hijo. La última era entregarle un cofre a Proserpina con la condición de no abrirlo nunca. Psique no pudo evitar su curiosidad, y al abrirlo, un sueño mortal se apoderó de ella.  Cupido nuevamente llega a ella durmiendo, pero esta vez, la despierta con un beso (Esta es la escena que representa Canova) Luego la alzó con suavidad y levantó vuelo llevándola con él hasta el monte del Olimpo, donde Zeus los unió oficialmente en matrimonio para siempre.

Canova "Psique y cupido"
 

sábado, 25 de febrero de 2012

Te vi


Te das cuenta que estás enamorado de ella, cuando empezás a creer verla en todos lados. De repente, todas las mujeres son ella.

Luis Médici
Foto: Luis Médici

lunes, 16 de enero de 2012

Helados de arena

Tenía apenas 3 años y asistía a aquel jardín todos los días.  Pertenecía a “La sala amarilla” donde jugaba y me inculcaban a ser un ciudadano modelo con el resto de mis compañeros. A veces las cocineras me llamaban a su cocina, de manera prohibida, para regalarme autitos y chocolates, como si mi cabellera rubia pudiera comprar cosas.
En los recreos íbamos al arenero donde nos deslizábamos por el tobogán, nos hamacábamos en las hamacas y demás. Pero también usábamos nuestra imaginación. Habíamos creado una heladería detrás de un árbol donde vendiamos helados de arena de todos los sabores habidos y por haber utilizando un banco como mostrador.
Fue en aquellos recreos de heladero cuando me enamoré perdidamente de ella. No me acuerdo su nombre, sólo de su belleza. Una hermosa, fina y discreta morocha.
Nunca le dije nada. Nunca me animé. Pasaban los días y en cada recreo le vendía un helado de arena. Sin embargo, en aquella transacción material imaginaria, vivíamos nuestros encuentros ocultos detrás de aquel árbol cómplice. Las palabras eran pocas: “Hola ¿De qué sabor quiere?” y ella decía: “De dulce de leche”. Pero todavía faltaba el momento culmine, que era cuando pagaba y yo recibía aquel dinero invisible, tan invisible, que nuestras manos se llegaban a tocar. Para mí, eso era todo. Después, al finalizar el recreo,  nos desocultábamos del árbol para volver a clase.
Ser el rubiecito corte taza, no sólo consistía en recibir regalos de las cocineras o vender helados detrás de un árbol, también era ser elegido para las obras de fin de año.
Aquel año teníamos que representar un baile de la época colonial. Iban a ser sólo dos parejas con módica vestimenta y con la bandera Argentina de fondo. La maestra se paró delante del curso y comenzó a elegir a los bailarines. Primero, seleccionó a los hombres, un amigo mío y a mí.  Ambos subimos al escenario para familiarizarnos con él, y también, para esperar ansiosos a nuestras compañeras. Casi como representando a Afrodita, la maestra escogió a mi enamorada para que bailara conmigo. No pude decir nada aunque mi corazón gritaba de alegría.
Poco me acuerdo de aquel baile colonial. Seguramente hubo poco y nada de ensayo, ya que la idea era que los mayores vean a niños de 3 años intentando bailar, y eso ya era gracioso para ellos.
Pero más allá de la obra, y de la diversión de los mayores, yo estaba bailando con ella. Mis pequeñas manos sobre su cintura la mantenían tan cerca de mí, que podía escuchar su corazón y sentir su respiración. Yo, que nunca me había animado a decirle nada, que sólo podía tocarle la mano escondido detrás de un árbol, de repente estaba abrazándola, bailando en medio del escenario en frente de todos; con una gran música, luces que nos iluminaban y aplausos mayores que nos guiñaban. Aquel baile fue para mí, como si me hubiera casado con ella, como si nos hubiéramos presentado en sociedad, como si hubiéramos blanqueado nuestro amor y gritado a los cuatro vientos que éramos el uno para el otro.
Girando y girando guiado por su cintura, sintiendo su respiracion en mi cuello, escuchando aquella bella música. No había dudas. ¿O el amor podía ser otra cosa?
Días más tarde, en la casa de mis abuelos, mi tío me preguntó si estaba de novio. Yo le contesté que sí, pero que ella todavía no sabía…

foto: Edouard Boubat

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