¿Qué clase de hombre o mujer te gusta?
Clásica pregunta que seguramente alguna vez nos hicieron o hicimos. Donde lo más interesante es ver como desenrollamos una lista de preferencias para poder responderlas. Casi como si supiéramos de quien nos podemos enamorar y de quien no.
Y no hacemos otra cosa que describir a un personaje sumamente ficticio, al cual vamos armando con un poco de todo lo que nos atrae de las mujeres o de los hombres. Un perfecto Frankenstein, que con lo único que cumple este “ser ideal”, es con nuestro prototipo de enamoramiento adolescente, pero que nada tiene que ver con el amor. Porque en el amor no existe el candidato perfecto, sino el imperfecto que logra ser perfecto para uno.
Clásica pregunta que seguramente alguna vez nos hicieron o hicimos. Donde lo más interesante es ver como desenrollamos una lista de preferencias para poder responderlas. Casi como si supiéramos de quien nos podemos enamorar y de quien no.
Y no hacemos otra cosa que describir a un personaje sumamente ficticio, al cual vamos armando con un poco de todo lo que nos atrae de las mujeres o de los hombres. Un perfecto Frankenstein, que con lo único que cumple este “ser ideal”, es con nuestro prototipo de enamoramiento adolescente, pero que nada tiene que ver con el amor. Porque en el amor no existe el candidato perfecto, sino el imperfecto que logra ser perfecto para uno.
Por eso cada vez que me preguntan “¿Qué clase de mujer te gusta?”, ya no hago una enumeración de características. Solo respondo: “Me gustan las mujeres que me gustan”.
Recién lograremos estar predispuestos a enamorarnos, cuando no tengamos más preferencias para enamorarnos.

