lunes, 23 de abril de 2012

:)


Hacerme reír es hacerme el amor.
 Luis Médici

Foto: Luis Médici

jueves, 19 de abril de 2012

Conformar-NO-s

No quiero tener que conformarme con alguna mujer que me recuerde a ti.
 Luis Médici
Foto: Luis Médici

domingo, 15 de abril de 2012

Y un día...hablamos.


Te das cuenta que estás enamorado, cuando descubriste que cualquier excusa es la ideal para poder iniciar una charlar con ella, porque sólo ella logra que todos los temas se transformen, rápidamente,  en conversaciones interesantes y entretenidas.
Luis Médici
Foto: Luis Médici

jueves, 22 de marzo de 2012

"El Amor no puede vivir sin confianza"


Psique (Alma) era la menor de tres hermanas princesas, pero a diferencia del resto de las mujeres, ella poseía una belleza e inteligencia únicas en todo el mundo conocido. Tan grandes eran sus atributos, que hasta la propia Afrodita (Diosa de la belleza) se sintió celosa y amenazada. Tanto así, que para saciar su inseguridad, le ordenó a su hijo, Cupido, que le lanzara una flecha oxidada para que un horrible monstro se transformara en su pareja.
Cupido obedeció a su madre y fue volando hasta Psique. Al llegar, encuentra  a la princesa llorando abandonada en una piedra (El padre la dejó ahí obedeciendo al oráculo que le predijo que el futuro amoroso de su hija no iba a ser un buen hombre, sino una serpiente alada que la iba a poseer ahí mismo. El padre había consultado al oráculo por su preocupación de que ningún hombre se enamoraba de su hija a pesar de su gran belleza).  Finalmente Cupido prepara su flecha oxidada, apunta, pero no logra disparar. Cupido se había enamorado de Psique desde el segundo en que la vio. Psique, encadenada en aquella piedra, llorando de tristeza, se duerme sin más remedio para su vida amorosa. Entrando en un gran dilema, en el cual se encontraba el desobedecer a Afrodita, Cupido decide rescatarla dormida y llevarla a su palacio.
Psique se despierta sola sin saber dónde está ni quién la rescató. De día disfrutaba del hermoso lugar y de noche venía un misterioso hombre, el cual no dejaba que lo reconociera, a hacerle el amor y dormir con ella en la oscuridad de su alcoba. El hombre le decía que la amaba y que confié en él. Psique estaba feliz, sentía que su futuro estaba cambiando gracias a este gran hombre del cual no tardo mucho en enamorarse.
Cupido no quería que lo reconociera porque quería que ella se enamorara de él como hombre y no como Dios. 
Pero Psique empezó a dudar (Con la ayudada de las envidiosas de sus hermanas con matrimonios arreglados) y por momentos no estaba segura si el ser misterioso que la visitaba por las noches era el monstro que le predijo el oráculo o era un buen hombre. Para resolver este dilema (Y motivada por sus hermanas) decidió dejar de confiar en aquel ser y preparó un cuchillo y una lámpara de cera para esa noche.
Psique se aseguró que el misterioso hombre estuviera durmiendo y prendió la lámpara. No pudo creer la belleza de Cupido, con sus alas y su paz. Era nada más y nada menos que el Dios del amor su amante. De repente, una gota de cera caliente se derrama de la lámpara y quema a Cupido despertándolo. La decepción del Dios del amor fue tal, que se marcho en ese momento, pero sin antes decirle:”El Amor no puede vivir sin confianza”.

Psique no podía creer lo que había provocado y pensó: “Era mi esposo, y yo, miserable, no tuve fe en su palabra. ¿Se ha marchado para siempre? De todas maneras puedo pasar el resto de mi vida buscándolo. Si él no quiere ya amarme, yo sabré demostrarle mi amor" y le pidió ayuda a Afrodita. La Diosa de la belleza y el amor le crea una serie de pruebas en el inframundo  para que demostrase su amor por su hijo. La última era entregarle un cofre a Proserpina con la condición de no abrirlo nunca. Psique no pudo evitar su curiosidad, y al abrirlo, un sueño mortal se apoderó de ella.  Cupido nuevamente llega a ella durmiendo, pero esta vez, la despierta con un beso (Esta es la escena que representa Canova) Luego la alzó con suavidad y levantó vuelo llevándola con él hasta el monte del Olimpo, donde Zeus los unió oficialmente en matrimonio para siempre.

Canova "Psique y cupido"
 

sábado, 25 de febrero de 2012

Te vi


Te das cuenta que estás enamorado de ella, cuando empezás a creer verla en todos lados. De repente, todas las mujeres son ella.

Luis Médici
Foto: Luis Médici

lunes, 16 de enero de 2012

Helados de arena

Tenía apenas 3 años y asistía a aquel jardín todos los días.  Pertenecía a “La sala amarilla” donde jugaba y me inculcaban a ser un ciudadano modelo con el resto de mis compañeros. A veces las cocineras me llamaban a su cocina, de manera prohibida, para regalarme autitos y chocolates, como si mi cabellera rubia pudiera comprar cosas.
En los recreos íbamos al arenero donde nos deslizábamos por el tobogán, nos hamacábamos en las hamacas y demás. Pero también usábamos nuestra imaginación. Habíamos creado una heladería detrás de un árbol donde vendiamos helados de arena de todos los sabores habidos y por haber utilizando un banco como mostrador.
Fue en aquellos recreos de heladero cuando me enamoré perdidamente de ella. No me acuerdo su nombre, sólo de su belleza. Una hermosa, fina y discreta morocha.
Nunca le dije nada. Nunca me animé. Pasaban los días y en cada recreo le vendía un helado de arena. Sin embargo, en aquella transacción material imaginaria, vivíamos nuestros encuentros ocultos detrás de aquel árbol cómplice. Las palabras eran pocas: “Hola ¿De qué sabor quiere?” y ella decía: “De dulce de leche”. Pero todavía faltaba el momento culmine, que era cuando pagaba y yo recibía aquel dinero invisible, tan invisible, que nuestras manos se llegaban a tocar. Para mí, eso era todo. Después, al finalizar el recreo,  nos desocultábamos del árbol para volver a clase.
Ser el rubiecito corte taza, no sólo consistía en recibir regalos de las cocineras o vender helados detrás de un árbol, también era ser elegido para las obras de fin de año.
Aquel año teníamos que representar un baile de la época colonial. Iban a ser sólo dos parejas con módica vestimenta y con la bandera Argentina de fondo. La maestra se paró delante del curso y comenzó a elegir a los bailarines. Primero, seleccionó a los hombres, un amigo mío y a mí.  Ambos subimos al escenario para familiarizarnos con él, y también, para esperar ansiosos a nuestras compañeras. Casi como representando a Afrodita, la maestra escogió a mi enamorada para que bailara conmigo. No pude decir nada aunque mi corazón gritaba de alegría.
Poco me acuerdo de aquel baile colonial. Seguramente hubo poco y nada de ensayo, ya que la idea era que los mayores vean a niños de 3 años intentando bailar, y eso ya era gracioso para ellos.
Pero más allá de la obra, y de la diversión de los mayores, yo estaba bailando con ella. Mis pequeñas manos sobre su cintura la mantenían tan cerca de mí, que podía escuchar su corazón y sentir su respiración. Yo, que nunca me había animado a decirle nada, que sólo podía tocarle la mano escondido detrás de un árbol, de repente estaba abrazándola, bailando en medio del escenario en frente de todos; con una gran música, luces que nos iluminaban y aplausos mayores que nos guiñaban. Aquel baile fue para mí, como si me hubiera casado con ella, como si nos hubiéramos presentado en sociedad, como si hubiéramos blanqueado nuestro amor y gritado a los cuatro vientos que éramos el uno para el otro.
Girando y girando guiado por su cintura, sintiendo su respiracion en mi cuello, escuchando aquella bella música. No había dudas. ¿O el amor podía ser otra cosa?
Días más tarde, en la casa de mis abuelos, mi tío me preguntó si estaba de novio. Yo le contesté que sí, pero que ella todavía no sabía…

foto: Edouard Boubat

jueves, 14 de julio de 2011

Etapas

La vida no es otra cosa que el proceso de descubrir quiénes somos. A medida que crecemos, sentimos que cada vez  aprendemos más cosas, y que de a poco, nos vamos dando cuenta de cómo funciona este mundo que nos hace de contexto. A eso llamamos madurar. Sin embargo, madurar, no es otra cosa que el ir descubriendo, y aceptando,  quien queremos ser en nuestra vida.
El mundo nunca cambia, y nunca cambió, lo que cambia es nuestra visión del mismo. Eso hace que nuestro plan de la vida vaya cambiando a medida que crecemos. Vamos luchando contra lo que creíamos, contra lo que nos querían hacer creer, y sobre todo, contra aquellos que intentaron que nuestra vida fuera a su gusto. Por eso madurar, es empezar a asumir el control de nuestra vida. Cada nuevo plan de vida es estar cada vez más cerca de ser libre, de ser uno mismo.
Obviamente este proceso no es fácil, porque entre cada nuevo plan de vida, que nos acerca a ser nosotros mismos, hay una crisis que hace de puente.
Cuando nos damos cuenta de algo, y esto nos genera un aprendizaje importante, nuestra cabeza hace “click” y empieza a germinar la idea de querer cambiar algún aspecto de nuestra vida. Puede ser algo muy radical o un detalle.  Lo importante es que ese “querer cambiar” ya está dentro nuestro. Y a pesar de que algunos no lo quieren ver, el cambio se apodera de nuestra cabeza y empieza a molestarnos para que le prestemos atención. Esto es entrar en crisis.
Los planes de vida son las famosas “etapas de la vida”. Cuando uno dice: “Yo tuve una etapa en mi vida muy difícil.” o “Estoy entrando en una nueva etapa en mi vida y estoy feliz.”
Son las etapas las que describen lo que fue, y es, nuestro proceso de aprendizaje y descubrimiento interno.
Algunas personas tienen pocas etapas y otras muchas. Hay personas que son las mismas que cuando eran niños y otras que viven cambiando rotundamente cada 10 años.
Ahora sí, hablemos de amor. Las parejas son las personas que elegimos para darles nuestro amor porque logran acompañarnos perfectamente en nuestra vida. Un gran compañero, un gran equipo, dos cómplices. Pero entonces ¿por qué terminan las relaciones y comienzan otras?
Como dijimos antes, la vida esta dividida en etapas. Cada una con una diferente visión de lo que queremos para nosotros.  Y ese cambio incluye, muchas veces, a la definición de amor.  
Una nueva etapa puede significar un nuevo amor.
Quizás por eso las personas que mantienen una pareja estable por muchos años, son las que tienen pocas etapas en su vida, pocas crisis; o quizas las vuelven a reeligir en cada nueva etapa, porque se adaptan perfectamnete o por miedo a la soledad. Y las personas que tienen muchas parejas, son las que viven de crisis en crisis, de etapa en etapa, muy diferentes entre sí, y por lo tanto, de amor en amor. Quizás...


miércoles, 11 de mayo de 2011

Las mujeres y el Drama


¿Por qué a las mujeres les gustan los hombres que no las quieren?

Muchas mujeres se enamoran del hombre que no es para ellas. Se enredan en relaciones “complicadas”, o con hombres “complicados”, donde se inventan que viven historias apasionantes de amor a lo Romeo y Julieta.  Pero en verdad, son hombres que simplemente no las quieren y les hacen creer que la relación es “complicada” o que ellos lo son; cuando en verdad el amor es lo más simple que hay. Comienza así una relación “complicada”, solo para la mujer, donde se vive el drama día a día. 
Luego termina pasando lo de siempre: Al pasar un tiempo, ellas mismas se dan cuenta que nunca fueron tenidas en cuenta, que nunca fueron respetadas y que nunca fueron amadas. Y una vez más la frase: “el amor es una mierda” o “los hombres son todos iguales” o el peligroso: “Debo ser yo”.
Estas son relaciones en donde el drama es el único protagonista. No hay dos, es uno y es el drama. Y quizás esto sea justamente lo que, para algunas mujeres, puede ser irresistible: Vivir el drama a flor de piel. En general a las mujeres les fascina el drama, y sobre todo, si este forma parte de sus historias de amor.
Pero hay personas que no pueden concebir una historia de amor sin el drama. Si no es una historia complicada donde haya que “luchar”, es una historia donde todo esta servido, y por lo tanto, no tiene sentido vivirla. Salir con el hombre que le declara su amor con intenciones serias es aburrido.
Por eso eligen vivir estas historias de amor. Pero no lo hacen concientemente, ellas se ven atraías por este concepto y por estos hombres que las invitan a vivir el drama.
Este concepto del amor-drama se ve reflejado en todas las novelas y películas de amor que son pensadas para mujeres.
Muchas veces estas mismas mujeres se quejan de no tener suerte en encontrar un hombre que las quiera. Quizás su miedo sea el de vivir una historia de amor real. El amor complicado las hace protagonistas de su propia novela donde lloran, sufren y todo es un drama (cosa que en el fondo les encanta).
Seguramente el amor real no sea tan “entretenido” como el de una novela o película, pero sin lugar a dudas, es siempre mejor porque es REAL y es de a DOS. Las historias de amor dramático son egoísmo puro de parte de ambos. Del hombre, que solo busca sexo, y de la mujer, que sólo busca drama.


lunes, 9 de mayo de 2011

Pareja de baile

Los enamorados son también una pareja de baile. Dos bailarines, que mediante su original coreografía,  logran esquivar la envidia y los porvenires externos. Dos extraños que se dejan llevar uno al otro al compás de la confianza y dibujan en la pista su paso por este gran baile. Dos cómplices que decidieron resolver el hermoso problema de la vida juntos.

El amor es la pareja que logra bailar en medio de la pista su propia música. 

viernes, 11 de marzo de 2011

Mi bella dentista

Ir al dentista de niño era mi pesadilla. Había pocos motivos que podían convencerme en ir. Quizás un juguete, un alfajor, ir a la plaza y demás sobornos infantiles. Pero hubo una época en que ir al dentista no me costaba en absoluto, no hacía falta ningún motivo, porque el motivo mismo estaba en ir.
Ella era la dentista más hermosa que había visto. Y era mía, era mi dentista. Por primera vez en mi vida me ponía feliz saber que tenía una carie. Esperaba con ansias que ella dijera mi nombre a medio cuerpo asomándose al pasillo, donde aguardaba junto a mi madre.
En general los primeros enamoramientos de un hombre son con su maestra, pero yo me había enamorado de mi dentista. Que mala elección, si quería evitar el sufrimiento…
Ella era joven y rubia. Me daba charla y siempre me regalaba un chupetín cuando terminaba nuestro encuentro. Dulce y delicada. Imposible no enamorarse de mi dentista.
Un día entro a su consultorio y me siento (saltando) en la silla del paciente. Feliz esperando que sus manos rocen mi rostro por accidente al ponerme el babero de dentista. Pero esa tarde fue diferente. Todo empezó cuando sus primeras palabras fueron: “Hoy puede ser que te duela un poco, pero si sos valiente y resistís, tengo un regalo especial para vos”.
Que fuertes palabras para un niño enamorado. Pedirme que fuera valiente fue la prueba de amor que todo caballero debe cometer para conquistas a su amada. Me puso a prueba y no podía fallarle. ¿Qué clase de caballero sería si me quejaba del dolor?
Lloré del dolor. O por lo menos lagrimeaba e intentaba evitar el sufrimiento con movimientos bruscos de mi cabeza. Mi estrategia era evitar que notara mis lagrimas, evitar que se diera cuenta que su caballero no soportaba un simple arreglo de caries.
Increíblemente al terminar me felicitó. Mi estrategia funcionó, pensé. Y, como me había prometido, fue a buscar mi premio.  Abrió el cajón del escritorio, mientras me secaba los restos de lágrimas que quedaban, y  me entregó una medalla que decía: Primer puesto. Más contento no podía estar. Eso significaba que yo era su paciente número uno, el más valiente y el más próximo a poder conquistarla. Era una gran señal. Todo estaba funcionando a la perfección, hasta que se me ocurrió ser curioso.
Mi hermosa dentista dejó el cajón abierto, y no tuve peor idea que espiar. Al asomarme me encuentro con que el mismo estaba lleno de medallas. Agarré una al azar y al girarla decía: Primer puesto. ¿Cómo puede ser, si la medalla del Primer puesto la tengo yo? Pensé. Agarré otra medalla, y al darla vuelta decía: Primer puesto. Todas las medallas eran Primer puesto. Me sentí engañado. Un pobre y triste engañado.
Salí del consultorio con mi medalla colgando. Al llegar a la esquina, y sin decirle nada a mi madre, arrojé la medalla a un tacho de basura. Llegué a mi casa con un sabor amargo a desilusión, desilusión amorosa.

Esa tarde de niño aprendí mucho del amor. Aprendí que el dolor, el engaño y la desilusión son 3 actores, tan principales en toda relación, como el amor mismo. Y que seguramente los volvería a encontrar. Y también aprendí que me tengo que cuidar de las mujeres, cosa que de grande todavía no logré…Quizás por no tener la intención de hacerlo.


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