miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿Cómo puedo?

¿Cómo puedo describir los besos, si todavía no me has besado?
¿Cómo puedo justificar la timidez, si todavía no me has mirado?
¿Cómo puedo entender la locura, si todavía no me has tocado?
¿Cómo puedo definir mi suerte, si todavía no me has encontrado?
¿Cómo puedo escribir sobre tu recuerdo, si todavía no te he olvidado?
¿Cómo puedo hablar de amor, si todavía no me has amado?

Luis Médici

Foto: Luis Médici

Última foto

El domingo pasado hubo una reunión familiar en la casa de mis abuelos. En un principio era el plan digno de un domingo familiar común y corriente, pero este cambió cuando me enteré que el propósito del encuentro, era ver unas diapositivas familiares.

Al llegar tíos, abuelos, padres y hermanos ya estaban sentados en sus lugares esperando para ver las fotos, como en el cine uno espera por la película. Sillas no quedaban, pero un almohadón me sirvió para poder sentarme cómodamente en el suelo duro.

El abuelo, casi como el líder de la manada, decidió que era momento de ver las fotos y apagó las luces. Reinó un silencio casi absoluto, que solo se rompía con detalles que solo él aportaba.
Las fotos hablaban de su vida. Eran fotos que nadie había visto antes. Eran historias que nadie había escuchado antes. Eran lugares que nadie había visto antes. Eran personas que nadie había conocido antes. Era su vida contada por él y sus fotos. Sus casas, sus amigos, sus novias, sus aventuras, sus anécdotas…su vida.
Pero una foto tuvo más protagonismo que otras. La foto era de dos jóvenes en traje de baño abrazados sobre la orilla del rió Paraná. Mi hermana preguntó: -¿Quién ese muchacho que te acompaña abuelo?” -“Ese era Robertito…” murmuró el abuelo, y solo nos quedo esperar para que nos cuente quien era. “Ese hombre fue mi gran amigo” agregó, para luego rematar con: “y me salvó la vida a cambio de la suya”. No sé cuanto tiempo nos quedamos callados, pero el silencio dominó el momento, que de a poco, se fue vistiendo de emoción con alguna que otra lágrima, que todos tratábamos de disimular.
Mi abuelo y Robertito nadaban en el rió Paraná para disfrutar del nado y para sorprender a las muchachas. Era muy común que los jóvenes demuestren su hombría con peligrosas pruebas de nado en el traicionero río. Pero una tarde lo peligroso se torno protagonista, y ante una demostración, mi abuelo se atoró con algunas algas y no pudo mantenerse a flote. Robertitio, que competía contra él, nadó para ayudarlo. Mi abuelo regresó a la orilla apenas respirando, Robertito no.

Esa diapositiva, que llevaba ya varios minutos puesta, fue de ese mismo día.
Es notable como una persona sigue viva en una foto, y como mi abuelo lo sacó de la misma para que todos supiéramos, que ese extraño que nadie conocía, era casi parte de la familia.
Pero lo que me dejó pensando fue cuando mi abuelo dijo: “Esa es la única foto que existe de él”. 
¿Y si esa foto no existiera, mi abuelo nos hubiera contado de él? ¿Mi hermana hubiera tenido una excusa para preguntar sobre aquel extraño?
Me quedó la sensación de que el día que esa foto desaparezca, también desaparecerá el recuerdo de que existió un Robertito.

Volviendo a mi casa pensé en mí. Llegué a la conclusión de que llegará el día en que esa última foto, en la que permanezca inmortalizado mi ser, desaparezca. Y ya ningún familiar curioso tendrá un pretexto para que me hagan volver.
También llegará ese día en que  mis obras se desintegren, se pierdan o se vendan en un mercado de pulgas al mejor postor. Y  recién ahí dejaré  de existir realmente, como antes de haber nacido. Llegará un momento en donde mis propios descendientes no sabrán de mi existencia y mi nombre no cobrará sentido alguno.
Mientras tanto intentaré que mis fotos tengan, en un futuro, un motivo para que un bisnieto crea, que detrás de aquel extraño, haya una historia que contar.


lunes, 30 de agosto de 2010

Equivalente

La felicidad que te puede causar una persona es equivalente al sufrimiento que te puede causar la misma. El dolor es directamente proporcional a la cantidad de amor que se tiene por es persona. Sufrimos cada historia de amor con la misma intensidad con la cual la disfrutamos.

Por lo menos en ese aspecto el amor es equivalente.


martes, 17 de agosto de 2010

¿Qué dirá de mí?

Daríamos cualquier cosa por poder estar, sin que nos vean, en el momento en el cual ella habla de nosotros.

¿Qué palabras utiliza? ¿Cómo me describe? ¿Cuáles son las cosas que cuenta y cuáles no? ¿Cuánto tiempo necesita para hablar de mí? ¿En qué momento decide hacerlo? ¿Con quiénes? ¿De qué manera? ¿Con qué emoción, con qué ojos y con qué expresiones se refiere hacia mí? ¿Quién soy yo para ella?

Son preciadas las palabras hacia sus amigas. Nos encanta escuchar de un tercero lo que ella opina sobre nosotros. Es algo así como “escuchar la verdad” de lo que piensa sobre nosotros. Quizás nos dijo lo mismo, pero no es lo mismo que lo diga un tercero. Enterarte de que te quiere por otra persona, hace que ese “te quiere” suene más sincero y real.
Y por más que uno diga todo lo que piensa y siente sobre la relación y ella haga lo mismo, es hermoso que una amiga te diga en secreto: “no sabes lo que te quiere” o “no hace otra cosa que hablar de vos”.

Nos interesa esta información porque sabemos que a sus amigas les dice la verdad sobre nosotros sin filtro alguno. Es la opinión de ella sobre nosotros en estado crudo.

A todos nos gusta encontramos con estas palabras de terceros, más si son elogios hacia nosotros, pero también es una satisfacción que puede terminar siendo contraproducente.
La diferencia está en “encontrase o chocarse” con esas palabras y buscarlas por necesidad propia. Si necesitamos buscar y encontrar constantemente la opinión de ella sobre nosotros en terceros, la comunicación de la pareja esta claramente en crisis.
Y además, tener acceso a todo lo que ella dice sobre nosotros, le quitaría cierto misterio a la relación, de hecho, le quitaría todo el misterio.
Si supiéramos todo lo que le gusta de nosotros, haríamos siempre eso sin esforzarnos por sorprenderla, y si supiéramos todo lo que no le gusta de nosotros, lo dejaríamos de hacer dejando de ser nosotros mismos.

Es necesario conservar esa cuota de misterio, tan necesaria, para que la pareja se vaya renovando constantemente y no caiga en la catastrófica idea de saber todo del otro.

El no saber exactamente lo que le causamos a esa persona, es lo que nos lleva a querer buscar sorprenderla siempre.

viernes, 13 de agosto de 2010

Internet le complicó la vida a Cupido

Cupido tenía ordenada su vida. Todos los días se levantaba la misma hora para poder tomar el subte y llegar temprano a su oficina. En el viaje escuchaba música en su reproductor de mp3 mientras, con los ojos cerrados, cabeceaba sentado. Al llegar saludaba al portero haciendo los mismos comentarios de cada día. Se hacia unos mates, chusmeaba un rato con sus compañeros y empezaba a consultar perfiles de personas para generar un encuentro “casual”.
Al mediodía salía a la calle a comprar un emparedado que comía tranquilo en alguna plaza céntrica. Todo normal, todo tranquilo. Esperaba con ansias las 17 hs., el aguinaldo y las vacaciones. Era un trabajador común y corriente.

Pero todo cambió un día. Su trabajo de golpe se multiplicó: Apareció Internet.

La gente comenzó a interactuar con personas de otros barrios, otras ciudades, otras provincias y otros países. Era solo cuestión de tiempo para que se enamoraran.
Y un nuevo tipo de historias de amor nacía: Eran las parejas lejanas, que sin conocerse personalmente, ya comenzaban a luchar por unir su amor de distancia.

Cupido conoció el termino “stress laboral”, y las horas extras.

Sus días dejaron de ser los tranquilos y distendidos del pasado. Hoy es un bello recuerdo el comer un emparedado tranquilo en aquella plaza; ahora se mete un alfajor en la boca mientras sigue sentado en su escritorio uniendo parejas de todo el mundo.

Antes era imposible que se enamorara un mexicano de una tailandesa, porque geográficamente no había chances de que se pudieran llegar a cruzar. ¡Viven a miles de kilómetros de distancia! Pero Internet lo logró. Y eso Cupido no lo tenía en cuenta. Es algo que no tendría que estar pasando y ahora él tiene mucho más trabajo.

Lo interesante es como el amor no respeta espacios, ni distancias, ni culturas, ni etnias, ni idiomas, ni países. El amor puede viajar rápidamente porque no es algo material como las personas. Y aquí está la contradicción: Querer poder viajar rápido y directo a aquella persona, como después de escribir un“te quiero” y apretar "Send".


Mientras tanto Cupido publica anuncios solicitando asistentes.







jueves, 5 de agosto de 2010

Mi cita con una mujer, mi Ello, mi Yo y mi Superyó.


Cuando la paso a buscar por su casa la veo bajar y noto lo hermosa que es.
Mi Ello quiere besarla, quitare toda la ropa y penetrarla ahí mismo. Mi Superyó quiere que le abra la puerta, le pregunte como se encuentra, la bese en la mano, la trate de usted y la invite a dirigirnos al restaurante. Mi Yo, finalmente, decide que la bese con un simple beso en la mejilla y que le diga lo hermosa que está.
Al llegar al lugar un mozo nos atiende de muy mala manera.
Mi Ello quiere matarlo.  Mi Superyó quiere que lo deje pasar. Mi Yo, finalmente, decide sólo mirarlo mal. 
Tengo mucha hambre y veo que un hombre al lado de mi mesa, está comiendo un plato muy rico.
Mi Ello quiere que me pare, lo mate y me ponga a comer su comida. Mi Superyó quiere que me quede sentado, que no moleste al señor y le pregunte al mozo por aquel plato. Mi Yo decide que le pregunte al señor cúal es el plato que está comiendo.
En un momento noto como ella lleva el tenedor con comida a su boca; y luego lo limpia con unos enormes y hermosos labios rosas.
Mi Ello quiere tirar la mesa por los aires, agarrarla, besarla, quitarle toda la ropa y penetrarla ahí mismo. Mi  Superyó quiere que hablemos de la familia, la religion, la sociedad y la lucha del hambre en el mundo. Mi  Yo decide que le pregunte si estaba rico ese bocado.
A salir del lugar la acompaño a la casa, y al llegar a la misma, me invita a subir a tomar un café.
Mi Ello quiere que le grite que sí, mientras la beso, le arranco la ropa y la penetro ahí mismo.  Mi Superyó quiere que le diga “No quiero ser impertinente a estas horas, pero si usted no tiene ningún inconveniente, acepto la invitación con gran jolgorio”. Mi Yo decide que le diga que sí, que yo ya lo venía pensando hace 2 cuadras.
Ya dentro de su casa, y luego de tomarnos un café, me invita a sentarme a su lado en el sillón, con cierto aire sensual.
Mi Ello quiere que me tire al sillón para besarla, arrancarle toda la ropa y penetrarla ahí mismo.  Mi Superyó quiere que me siente al lado de ella, la mire fijo a los ojos, y la llene de indicios de que la voy a besar. Mi Yo decide que me siente al lado de ella y le robe un beso.
Entramos en un baile en donde nuestros labios sabían perfectamente como tenían que llevar uno al otro.
Mi Ello quería arrancarle la ropa y penetrarla ahí mismo. Mi  Superyó  quería empezar a quitarle la ropa, pero sin rompérsela. Mi Yo logra que le pregunte si podíamos ir a un lugar más cómodo.
Ya en la cama, y ambos desnudos.
Mi Ello quiere penetrarla sin cuidarnos. Mi Superyó quiere que no tengamos relaciones hasta no tener los resultados de ambos sobre toda posible enfermedad de transmicion sexual, que ella tome pastillas, yo preservativo y que calculemos los días de fertilidad.  Mi Yo logra que me ponga el preservativo a tiempo.
Y las sabanas empiezan a crear hermosas formas.
Mi Ello grita: “¡Por fin!”.
Luego, mientras charlábamos en la cama, me doy cuenta que me gusta mucho. Se hace tarde y decido retirarme.
Mi Ello quiere que le diga que me enamoré de ella, que me quiero casar y tener hijos mientras la beso y la penetro nuevamente sobre mi bolso que traje para mudarme con ella. Mi Superyó quiere que le diga que tuve una grata noche con ella y que deberíamos volver a repetir la experiancia. Mi Yo decide que le simplemente le diga  que me encanta.

Marta Minujín


domingo, 25 de julio de 2010

El arte de amar

Caí en la definición de Arte: “Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.”

Entonces me pregunté: ¿No será el amor un arte?... y dudé en responder.

Es una realidad que el amor logra desarrollarse con total plenitud y comodidad en expresiones artísticas, y que en la vida de las parejas, le cuesta mucho más poder encontrar todo eso. Son los poemas los que son perfectos y las relaciones complicadas

Leemos un poema que habla del amor y es perfecto, simplemente perfecto. No lo cuestionamos, cuestionar el arte que nació del amor sería tonto.

Quizás el amor sea solo la manifestación artística que representa la idea imaginaria del mismo, y nosotros, los que insistimos en queremos llevarlo fuera de su ámbito a la vida real.

foto: Robert Doisneau

sábado, 17 de julio de 2010

Te extraño

Cómo puedo pretender que sepas cuanto te extraño, si cuando te extraño es cuando no estás.
LuisMédici
Foto: Luis Médici

martes, 13 de julio de 2010

Mismo amor, misma Ley

Me llama mucho la atención, que en este dilema de aprobar o no el matrimonio entre personas del mismo sexo, no se haga hincapié en el amor.

Es desilusiónate que todavía haya personas que vean a los gays como enfermos que solamente poseen la “cualidad morbosa” de excitarse con personas de su mismo sexo y nada más, cuando en verdad son personas que logran enamorarse de alguien de su mismo sexo.

Según la iglesia y otros, no tiene sentido darles la ley de matrimonio porque sus preferencias sexuales son antinaturales sin fines reproductivos, y ese es, supuestamente, el principal objetivo de todo matrimonio.
Aquí vemos como hacen hincapié en las relaciones sexuales y no el las relaciones afectivas. El matrimonio debería hacer hincapié en las personas que están enamoradas, en el afecto, en el amor, en su compromiso por cuidarse y acompañarse. Lo demás siempre es detalle.

El sentimiento de amor es el mismo entre personas del mismo sexo, como de sexo opuesto. Todos sentimos esa misma sensación de felicidad, tengamos la preferencia sexual que tengamos, porque el amor no discrimina.

¿Si el amor no discrimina, por qué las leyes sí?

Los que están en contra del matrimonio igualitario creen que existen condiciones para amar. Creen que existe una definición de amor, y es la suya. Creen que nos pueden decir de quien nos podemos enamorar y de quien no. Y lo más peligroso de todo, es que quieren controlar al amor, ponerle condiciones...y eso no podemos permitirlo.

Por eso esta Ley nos involucra a todos, porque tengamos la preferencia sexual que tengamos, todos tenemos que defender la condicion de amar con libertad.


martes, 6 de julio de 2010

Hacer el amor

Cada uno de nosotros posee su propia interpretación de lo que es el amor, de cómo se debe vivir, de cómo se debe sentir, de cómo se debe llamar, de qué color debe tener, de cómo debe sonar, de qué forma debe ser, de lo que tiene que tener siempre y de lo que no tiene que tener nunca. El amor es una interpretación personal y eso es libertad.

Tenemos que confiar siempre en nuestra interpretación y defenderla ante las demás, porque el amor está en la persona que lo interpreta igual que nosotros.

Y cuando dos personas poseen la misma manera de interpretar al amor, se enamoran. Se crea una nueva y única definición del amor. Solo ellos entienden cuando hablan de amor, como dos cómplices. Nunca hubo algo igual, ni lo habrá.

Es el amor según ellos dos. Crean el amor. Lo hacen desde cero…hacen el amor.
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