Nos podrá costar admitir, o no, pero todos tenemos una estrategia o herramienta de seducción propia. Como una firma personal. La estrategia puede ser inconsciente, conciente, pensada, estudiada o improvisada. Hasta “no tener estrategia” es una estrategia. Está ahí y dice mucho más sobre nosotros de lo que pensamos.
Es muy interesante descubrir cuál es nuestra estrategia personal y por qué.
¿Cuál es mi estrategia?
¿Coincide mi estrategia con mi personalidad?
¿Mi estrategia es coincidente con las personas que me atraen?
¿Funciona mi estrategia o quedo como un boludo?
Es nuestra carta de presentación. Es nuestro primer acto donde decimos cómo y quiénes somos. Es donde tenemos esa única oportunidad de tener éxito o de conseguir un fracaso absolutamente irremontable. Porque por mas que le hayas atraído físicamente anteriormente, si tu estrategia no le agrada, cancela todo lo bueno que te había visto antes. Y chau, perdiste.
¿Cuánto dice de nosotros la estrategia que utilizamos?
Infinitas son las estrategias, y muy personales. Pero podemos diferenciar a las personas en conquistadores y seductores.
Los conquistadores son los que declaran su amor. No son tímidos. No tiene ningún problema de demostrar lo que les pasa. Son insistentes y muchas veces algo pesados. No existe la derrota, solo la demora a su victoria. Por lo tanto sus estrategias son más agresivas y directas.
Los seductores son los que no quieren que descubran que les gusta esa persona. Se mueven sigilosamente. Y tratan de que su persona deseada se fije en ellos. Buscan que se enamoren de ellos, como ellos se enamoraron de la persona deseada. Buscan que se acerquen a ellos. Por lo tanto sus estrategias son más discretas e indirectas.
Este tema de las estrategias es un campo muy desarrollado por las mujeres. Los hombres somos más toscos, brutos y torpes con estas cosas. Muchas veces la estrategia del hombre es “Voy a donde esta, la encaro y listo”. Las mujeres en cambio planifican todo, desde que se ponen, a que hora caen a la fiesta, con quien van, donde se colocan para que las mire, como sentarme al lado de él y que parezca una casualidad y miles de detalles mas que nose porque soy hombre. Es su campo y lo manejan bien.
Aparte nos hacen creen que las conquistamos, cuando ellas ya tenían todo pensado. Gracias.
Pero hay una estrategia a la cual nadie puede escapar. Es la estrategia impuesta. Una estrategia que te impone el amor. Es la estrategia de hacer todo lo que no tenes que hacer y de decir todo lo que no tenes que decir.
Cuando te gusta alguien de verdad no podes desarrollar tu estrategia y te ves acorralado de situaciones en las cuales te ves avergonzado y no podes creerlo. Porque de verdad decís todo lo que no tenes que decir y haces todo lo que no tenes que hacer. Te ganas el primer premio en chistes malos y comentarios que no tiene que ver con nada, en una sola noche. Vas al baño te miras al espejo y decís “¡No puedo creer que le dije eso! ¿Por qué estoy hablando de la cría de perdices? ¿Por qué? ¡Si ni me gustan esos bichos!”
Si, es así. Tenemos todas las de perder cuando nos gusta alguien.
Pero si quedar con un tonto es el precio que nos hace pagar el amor, que barato la sacamos.
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Ironía.
Uno de los más grandes estrategas de la historia que pudo conquistar toda Europa, no podía conquistar el corazón de su amada.
Carta de amor de Napoleón Bonaparte a su esposa Josefina.
“No le amo, en absoluto; por el contrario, le detesto, usted es una sin importancia, desgarbada, tonta Cenicienta. Usted nunca me escribe; usted no ama a su propio marido; usted sabe qué placeres las letras le dan, pero ¡aún así usted no le ha escrito seis líneas, informales, a las corridas!
¿Qué usted hace todo el dia, señora? ¿Cuál es el asunto tan importante que no le deja tiempo para escribir a su amante devoto? ¿Qué afecto sofoca y pone a un lado el amor, el amor tierno y constante amor que usted le prometió? ¿De qué clase maravillosa puede ser, que nuevo amante reina sobre sus días, y evita darle cualquier atención a su marido? ¡Josephine, tenga cuidado! Una placentera noche, las puertas se abrirán de par en par y allí estaré.
De hecho, estoy muy preocupado, mi amor, por no recibir ninguna noticia de usted; escríbame rápidamente sus páginas, paginas llenas de cosas agradables que llenarán mi corazón de las sensaciones más placenteras.
Espero dentro de poco tiempo estrujarla entre mis brazos y cubrirla con un millón de besos debajo del ecuador.”